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La Coctelera

Escoja su majestad, escoja !!!

(María llena eres de gracia...... pero mucho)

3 Febrero 2008

"La Plaza de las Tetas"

“La plaza de las tetas”, de esta manera tan poco ortodoxa llamábamos mis hermanos y yo, al lugar donde se celebraba el mercado en el barrio.

Ya fuera verano, primavera, otoño o invierno, uno de los tres siempre acababa tirando de la manga de Mamá pronunciando el nombre en voz alta, mientras señalaba a las dos estatuas de mujer medio desnudas en el centro de la plaza: una cargaba con un estandarte, la otra prendía la mecha de un cañón.

El efecto en Mamá era inmediato y raro era el día que el principal instigador de la rebelión no recibía un cachete materno.

Hoy es mi primera visita al barrio desde hace años y no puedo evitar acordarme de la chiquillada. Los cambios, la melancolía y mi infinita curiosidad actúan como un ancla y me impiden avanzar.

La nueva plaza tiene dos alturas diferenciadas por tramos de escaleras. En la parte baja, cubierta por un soportal, varios individuos de aspecto sucio y miserable pululan en una y otra dirección. Se apartan de las luces de neón del cine como los vampiros del sol. Un mendigo de greñas blancas que pide limosna a la puerta del cine, insulta a la gente que rehúsa darle algo.

En la otra punta de la plaza, otro grupo se arremolina en torno a una hoguera. El fuego ilumina los rostros. Un hombre sin dientes en cuclillas habla solo. A su lado otro hombre fuerte con aspecto de inmigrante de Europa del Este cubre con su brazo los hombros de una mujer escuálida y pálida que se frota las manos frente al fuego.

Desde la penumbra un viejo cubierto con un abrigo gris desgastado hace su entrada en la plaza avanzando con la mirada fija en el suelo. El hombre camina hasta llegar al cine y pasa de largo. Apoyada en la pared, una mujer negra que se ofrece con descaro gritando piropos a los peatones que pasan a su lado, le guiña un ojo.

El semáforo se pone en rojo, y él cruza la plaza hasta la otra acera, deteniéndose ante su reflejo en el cristal del escaparate de una boutique. Se coloca delante de un elegante esmoquin y superpone su rostro encima, guiñando los ojos para ver mejor.

A pocos metros, un negro con los ojos enrojecidos empuja un colchón, pero dos hombres se lo impiden vociferando. El anciano ajeno a la trifulca echa a andar hasta llegar al el soportal de una iglesia. A su lado, yace otro mendigo que ronca, tapado con una manta. Está rodeado de cascos de botellas vacías y cartones de vino barato.

Transcurridos unos minutos el viejo se sienta encima de una manta, sin arroparse, intentando no despertar a nadie. Se atusa el pelo gris y alborotado de su cabeza y rebusca dentro de su único equipaje, una bolsa gris de tela, hasta encontrar un viejo reloj de manecillas. Satisfecho, le da cuerda y lo coloca en el suelo junto a él.

El hombre carraspea y tose un poco mientras se recuesta. La calle vuelve a estar en silencio y ahora no hay ninguna persona circulando por ella.

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Elena

Elena dijo

Has vuelto!!! Me alegro de volver a leer tus bonitas historias.

8 Febrero 2008 | 11:47 AM

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Sobre mí

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Escoja su majestad, escoja !!!

madrid, España
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NOMBRE: "Chucho" a secas (antes "Pakito800", ex-cantante del Grupo Hip Hop "DiscoTocino800"). PROFESION: soy un Jubilado de treintaytantos años que sobrevive como puede, en el madrileño barrio de Lavapiés. ME GUSTA: fundamentalmente tokarme y ke me token (soy egocentriko y onanista). ODIO: bailar la "yenka" y sobre todo los "putos" Sudokus. ¿Alguien conoce un entretenimiento más estúpido?.

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