Killer Tomatoes in my kitchen
La otra noche, mientras sonaban los acordes de una vieja versión de Luis Aguilé de la celebrada “Esta tarde vi llover” (sí, sí, …esta tarde ví llover, y no estabas tú… y no estabas tú…..), algo llamó mi atención entre las cuatro paredes de mi minúsculo pero acogedor hogar.
- Algo se mueve (me dije para mis adentros).
Un extraño y turbador siseo llegaba desde la cocina. Minutos antes, había depositado las bolsas de la compra en la encimera de peral de mi excelsa y moderna cocina, pero nada estaba en el correcto y escrupuloso orden en el que había sido colocado.
Ahora, una de las bolsas yacía volcada, y el peso de la bolsa, ahora vencida hacia la pared sobre unos cacharros sucios y renegridos, dejaba ver todo el contenido desparramado encima de la madera. El espectáculo era realmente grotesco… cuatro tomates bola procedentes de los invernaderos de Almería se habían hecho con el control de toda la cocina.
Tenían ojos de garbanzo, boca de queso de oveja tierno,y su mirada tenía el fulgor de la maldad en estado puro. Parecían emparentados con Marilyn Manson y sus colegas.
Ya han llegado.. están aquí, están dentro. No pude cortarlos, no me dejaron hacerlos Juliana. Me volvieron casi loco, paranoico, la primera oleada de tomates transgénicos estaba en mi cocina. Precisamente en mi cocina, no podían haber aterrizado en cualquier otro lugar…
Fue imposible arrojarlos al vacío de mi cacerola sopera, quería oírlos hacer Chup chup mientras hervían, con otros compañeros hortofrutícolas y no querían. Se resistían los muy majaderos y me miraban desafiantes desde sus minúsculos ojillos formato garbanzo, y reían, a carcajadas limpia como si se hubieran bebido todo el contenido de helio de un globo de la plaza mayor.
Esta mañana me he despertado, tarde, como casi siempre y ya no estaban.


