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Terra
La Coctelera

“Tiempo de Verano”

Este relato empieza con una música penetrante que sale a través de una ventana en el Segundo piso de un edificio. “…Suuuumeeerrtiiimeeeeee….”.- Grita una chica pelirroja mientras se asoma a la ventana. ¡Qué envidia de veintipocos años!, ¡ Qué descaro !, ¡Y qué… qué… qué… qué lozanía !. (Esa es la palabra que se me viene a la cabeza cuando me imagino a esta Jane Mansfield de barrio).

Es de noche en este barrio del extra radio de la ciudad; y aunque el asfalto se agita soltando el calor recibido por el día, el riego automático del parque hace el paseo nocturno algo más llevadero. Un hombre gordo anda solo, pero hace ruido, mucho ruido.

Mientras avanza por la vereda del parque el plas, plas, plas de sus chanclas, resuena sobre los adoquines de la acera como si fuera la canción del verano.

Él no solo se conforma con hacer ese ruido. Camina contorneándose, casi parece que está poseído por el espíritu de la mujer pelirroja de la ventana. Hasta sus carnes fofas contagiadas por el grotesco trotecillo se mueven intentando escaparse de su cuerpo. Es como un gigantesco Obélix llamando la atención de niños y mayores que se vuelven a su paso.

En el centro del parque, el ruido de un generador de gasolina y un chorro de luz mortecina hacen fácilmente identificable el puesto de helados. Toda una trouppe de pequeños gitanos se adocena sobre el dependiente. El Ecuatoriano reparte helados a diestro y siniestro ocupándose siempre antes de coger el dinero. No se le escapa nadie. Tiene una habilidad especial para recolectar monedas.

“El Gordo” compra un cucurucho de vainilla muy grande e intenta pagarlo con la tarjeta, por qué él es un cachondo, un gordo muy cachondo. Suelta dos monedas de Euro, sonríe y da las buenas noches mientras echa a andar.

A unos 100 metros hay un estanque de hormigón empotrado en el césped donde no hay peces, patos, ni pájaro alguno. Enfrente bajo un gran árbol “el Gordo” descansa en un banco de madera lleno de pintadas. Con los ojos entrecerrados reparte lametazos a los restos del helado, que ahora yacen medio derretidos entre su barbilla y la guayabera de lona, color verde camuflaje que encarcela su barriga.

A pesar de su aspecto “el Gordo” se siente ufano. Respira la misma alegría del joven que estrena traje para ir a la verbena del Pueblo. En su fuero interno existe un convencimiento casi infantil de que ha pertenecido siempre a una estirpe superior. Él es un ser intrépido, el aventurero fofo, un Indiana Jones entrado en kilos, el gordo que descubrió Nueva Caledonia, el fati que atravesó el Amazonas casi sin despeinarse, el hombre grande que cruzó las Montañas de la Luna y rescató al Dr. Livingstone, la indomable bola de grasa que arrancó la Calavera de cristal de las garras de los salvajes indios Yanomami.

Transcurrido un rato “el Gordo” abre los ojos. Ante él hay un muchacho alto, delgado y fibroso que se dirige a él con voz gangosa:

- Oye Colega, ¿Me dejas un Euro?...

- ……

- ¿Qué pasa, no tienes?...

- ……

- ¿y un cigarro?... ¿qué, no fumas?…

- ……

- bueno… pues “Gordo” dame…… mejor dame la cartera…… además, ¡que coño! si yo no nunca he fumado....

"Atrapado en el Tiempo (I)"

Hay días como este, en el que después de 13 horas de perri-jornada laboral siempre me acuerdo de una película : “Atrapado en el tiempo”.

Imagínense el día más perri que han vivido en su vida. Sí, uno de esos días en los que parece que los planetas se han alineado en su contra y no damos pie con bola. Normalmente, en estos casos se suele decir: “Bueno, mañana será otro día… Pero… ¿Qué pasaría si mañana simplemente no sea otro día? ¿Y si resulta ser el mismo?

Según las leyes de Murphy, el momento en que nos suceda algo tan extraordinario como quedarnos atrapados en un día, con toda seguridad será un dia lamentable, de esos que dan asco. De ahí parte la premisa de “Atrapado en el tiempo”

Bill Murray es un hombre del tiempo un poco cabroncete con cara sempiterna de asqueamiento constante que tiene que ir por enésima vez a retransmitir un chorra-acontecimiento de estos que tanto les gusta a los americanos en un pueblo por ahí perdido. Una especie de romería Yanqui, pero con una marmota de por medio.

Acompañado por una Andie McDowell en su típico papel de mujer florero, cual será la sorpresa de Murray al descubrir al día siguiente que el tiempo no ha transcurrido, que los acontecimientos del día anterior se repiten uno tras otro. Como es de imaginar, la cantidad de situaciones absurdas a las que se puede llegar en estas circunstancias es enorme, todo ello adornado con la cara de Bill Murray, que mantiene en toda la película esa expresión de estar esperando que en cualquier momento aparezcan por una esquina Juan Imedio y Paula Vázquez con el ramo de flores y la musiquilla de “Inocente, Inocente” de fondo. Pero claro, el hecho de estar encerrado en un mismo día hace replantearse la vida al protagonista y terminará siendo mejor persona. Hasta el dia más asqueroso te puede pasar algo así.

Hay una frase muy buena a mitad de la película en la que Murray dice: “Yo no he dicho que sea Dios… Digo que soy un dios. A lo mejor Dios es un tipo que lleva aquí demasiado tiempo. Quién sabe, Bill… Quien sabe??

“MUSICA CLICK 0 - MUSICA PLOFF 1”

En primer lugar, mi agradecimiento más sincero a “La Botillera” por acordarse de mí e invitarme a este evento sin precedentes totalmente “by the face”. Debo añadir que si el guateque no hubiera sido gratuíto, quizás hubiera tenido que recurrir a mis amigos de “Cofidis”.

Así mismo también quiero hacer extensivas mis disculpas por hacer que al ir a saludarme a la entrada, el tacón del zapato se le quedara encajado en la ranura de la tarima “de luxe” que había instalada en el lugar donde se celebraba el evento.

A pesar de la vergüenza pasada por esta Cenicienta del Siglo XXI, al dejar el zapatito clavado en el suelo, caminar descalza a la patita coja por todo el recinto y llamar la atención de todos los medios de comunicación congregados en la sala, no debe preocuparse. Yo estaba allí y puedo decir que de entre toda la multitud, tan solo ella irradiaba ese glamour presto, directo e innato de las grandes estrellas jolibudienses.

Sin duda fue un acierto vestir sus carnes mediterráneas con ese trajecillo a medio camino entre una burbuja de “Freixenet” daltónica y la creación más sublime del modisto italiano “TorreMoschino”. Hubiera hecho temblar a la mismísima “Audrey Hepburn”.

Vamos al grano. El acto en cuestión consistió en la presentación de un nuevo Portal musical de Internet cuyo nombre es “Música Click”. Como podemos comprobar todo un alarde de buen gusto e imaginación.

La presentación tuvo lugar en el antiguo Centro Comercial “Aqualung”, ahora denominado en otro derroche de fantasía sin igual: “Barrio Art Decó”. El edificio y su decoración barroca aunque posmoderna, infestada de neones, trata de imitar a una especie de Manhattan posmoderno de Mataró, pero ubicado en la deprimente orilla izquierda del río Manzanares.

A mí personalmente me recordaba bastante a esas fotos de “Sunset Boulevard” que he visto tantas veces en Internet, pero con olor a fritanga de calamares.

Capítulo aparte merece el “cómo llegar”, cuando las indicaciones te las da un residente en Barcelona, sin más pistas que el nuevo nombre del Centro Comercial (no lo conocen ni los taxistas más castizos de Madrid). Es necesario acudir a la consulta de un vidente (mi preferido es Octavio Aceves) con bastante tiempo para no llegar tarde al inicio de la presentación.

Por las indicaciones que me habían dado previamente, parece ser que “Música Click” es un portal nacido con un alma filantrópica, con el objetivo de dar un espacio a todos aquellos movimientos y/o expresiones musicales que por diversos motivos no tienen posibilidad de llegar a un gran público. Estos movimientos y/o expresiones musicales en mi barrio se llaman Grupos de Música, aunque mi padre se empeña en llamarles “Conjuntos”; que sabrá él si se crió cantando “La Bamba”.

Hasta aquí todo muy bonito, casi como de cuento. Me esperaba un animado bosquejo de actuaciones de varios grupos de nombre desconocido y con estilos diversos. Nada más lejos de la realidad, puesto que aparte de las cervezas que empezaron a pasearse por nuestras manos sin pagar un solo Euro, empecé a percibir pistas un tanto rancias a la par que contradictorias.

Así, entre los personajes asistentes al sarao pude ver al casposo ex presentador de los 90´s, “Kike Supermix”, al ex cantante y ahora habitual tertuliano del corazón “Enrique Del Pozo” o a la antigua líder del grupo “Greta y los Garbo”, ahora anoréxica confesa (esperamos un libro auto-ayuda para la próxima primavera) vestida con un traje de espejitos con el que daban ganas de envolverse el bocadillo cómo si fuera papel “Albal”. Con todo esto, el “Photo Call” y la alfombra que había a la entrada parecían de “Todo a cien”.

Aparte de todo este famoseo un tanto casposo, solo faltó la entrada estelar de una banda de Mariachis gritando: “...pero que vivaaa Leganéssss....”, o haber presentado la gala utilizando como banda sonora el “Chiki – Chiki” de nuestro admirado Rodolfo Chikilicuatre.

Además de todo este famoseo casposo había toda una legión de Pijos de Boadilla vestidos cómo si fueran “chicos malos”. Es decir camisas de las del caballito por fuera, vaqueros de marca rotos y rebeldía estudiada a raudales.

Ultima mención para un grupo de cincuentones engominados (posiblemente fueran directivos del mundo de la música), que ante la cantidad de jacas asistentes al evento, tapaban sus erecciones con corbatas de marca.

En fin toda una garantía de éxito, apoyo y publicidad a la plataforma alternativa propuesta por nuestros amigos de “Música Click”.

La impresión inicial sobre “Música Click” no acabó de diluirse hasta que me enteré del plato fuerte del acto: la actuación de “Las Supremas de Móstoles”, el conjunto musical “Alazán” (las sobrinas de Toñi y Encarna de “Azucar Moreno”; podían haberse llamado “Azucar Blanquilla” ) y una estrella prefabricada llamada algo así como “Sylvina”, que pretende ser muy moderna y cuya piel era pálida y casi traslúcida como la piel de un arenque en la época de apareamiento.

Para mis adentros elaboré una serie de rápidas conclusiones que me dejaron estupefacto: si el futuro del underground y la vanguardia musical española de “Música Click” pasa por que quién promocione el acto inaugural sean “las de Móstoles”, las sobrinas de las del azucar y la de la piel transparente estamos bien, bien jodidos.

No acabé de decidirme por una u otra solución, pero dos ideas comenzaron a bullir en mi mente: o bien ponerse una cinta negra en la nariz en señal de luto por la muerte de todos los cerebros de estas cabezas pensantes de la Música, o bien disfrazados de Chamanes iniciar una especie de danza tribal invocando a la Madre del Topo, o lo que es lo mismo a “Topotamadre”.

Por lo demás y después de todo este acto de contricción al que nos vimos sometidos, tan solo nos quedó una única salida: abandonar nuestros cuerpos prestos y mansos al festín de la carne que el evento nos ofrecía. Lo que aconteció a partir de aquí fue más digno de una película de “Antonio Ozores” o “Paco Martínez Soria”.

En protesta por lo visto declinamos entrar al espectáculo musical, y decidimos comer y beber cómo en las “bodas del Canaan”, ingiriendo más de una decena de canapes y croquetas por barba y pidiendo los cubatas cómo si el mundo se fuera acabar mañana, es decir de tres en tres, al antiguo estilo de “las barras libres” organizadas en las discotecas del colegio.

Ni que decir tiene, que tan solo “Fina Winehouse” (Alias Cristina), aguantó el vertiginoso ritmo. A la salida ante mi intención de conducir me dijo: “... I sayyy, nouuuu, nouuu, nouuu…”.

A continuación nos colocó a Pablo y a mí en las sillitas para niños de 2 a 6 años, que había en los asientos traseros de nuestro vehículo y nos guió a la base rebelde sorteando todos los campos de asteroides con la pericia inigualable de “Han Solo”. El resto es historia.

"Cash Converters"

El Cash Converter es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón; que no lleva huesos. Solo los espejos de azabache de sus ojos, duros cual dos escarabajos negros de cristal negro. Es casi, casi como el burrito Platero.
Esta diabólica cadena de tiendas de artículos de segunda mano es todo esto y mucho más.

Hoy es la tercera vez que he visitado uno de los diez establecimientos que tiene abiertos en la capital, y la impresión es siempre más fuerte que la anterior. No dejan de sorprenderme los escalofríos que recorren mi espalda, cuando traspaso el umbral de la puerta de entrada.

Un rótulo garabateado con bolígrafo azul anuncia: "Atención: Cámara 24 horas. Las grabaciones efectuadas en nuestro circuíto cerrado de TV, son susceptibles de ser entregadas a las autoridades policiales, si estas así lo requieren". Acordándome de Tarzán y su extraño vocabulario con los animales de la Selva, masculllo entre dientes: “..yuyu, yuyu, ancagua Chita, ancagua...”.

Mientras tú y tu vergüenza os acercais a la cola, te acuerdas de los comedores públicos para gente sin recursos. Todo es sospechosamente parecido a “Callejeros”, pero la cámara son tus ojos. Aunque dan ganas de taparse la cara con las dos manos ó al menos hacer la visera con una mano como si el sol te quemara las retinas, disimulas como puedes mirando al suelo sin levantar la vista, y te rascas el mentón. Luego repasas un dilatado repertorio de tics rítmicos y bastante estúpidos: carraspeas, te ajustas la mochila, metes las dos manos en los bolsillos del pantalón.

Transcurrida esta fase comienza la del convecimiento. Te repites a ti mismo: “..tranquilo, yo pasaba por aquí y tan solo me he parado a curiosear. No vendo nada y lo que llevo en la mochila es mío y practicamente no está usado...”.

De pronto, impacientado, caes en la cuenta de que dentro de la tienda no hay orden, ni concierto. Es entonces cuando te decides a preguntar quién es el último; con apenas un hilillo de voz y rogándoles a San Cosme y San Damián que alguien conteste rápido. A ser posible que el resto de las personas no se giren ni a mirarte.

Después de este duro trance, acabas por adoptar alguna postura que te haga parecer inocente mientras cotilleas. Ladeas la cabeza e intentas enterarte de qué artículos intercambian estos “pobres” y de lo que el Dependiente ofrece por ellos. Y te das cuenta de que un reproductor de DVD casi nuevo no vale más de 15 Euros. A ti te van a dar calderilla y un par de polvorones, Marca “La Estepeña” de Canela y Ajónjoli, con fecha de caducidad de 2.003.

A pesar de tu ateísmo galopante, vuelves a rezar imaginando como la puerta de la tienda se cierra tras de ti con un ruido de campanillas y tú sales a toda prisa sin volver la vista atrás, pero eso todavía no ha pasado.

Y te das cuenta de que la pesadilla no ha hecho más que empezar. Tu imaginación pone el piloto automático y ya no la gobiernas. Donde hay patrón, no manda marinero. Tiene el carnet de autónoma y paga sus impuestos con regularidad.

La mujer del vestido rojo que ocupa el primer lugar en la cola debió de venir huyendo de Puerto Urraco, tras el crimen que se cometió en el pueblo, hace ya un porrón de años. ¿Será Cabanilles ó Izquierdo?.

Las dos chandaleras que cotorrean tras ella, mueven exageradamente unas manos “marujonas” cubiertas de anillos de oro barato. Mientras una de ellas, da vueltas a la bola de su piercing, la otra se muerde las uñas color nácar. Intuyo, que si el dependiente se porta bien, este viernes irán a la sesión de tarde de “Kapital”. Lamento profundamente que se estén perdiendo el “Diario de Patricia”.

El andrajoso que acaba de pedirme que le guarde el sitio en la cola, sale a la calle. Se enciende un cigarro y mira a uno y otro lado. ¿Dónde habrá aparcado a su “perro-flauta”?.

La gorda que ocupa el asiento a mi izquierda ha fracasado con la dieta de “la alcachofa”. Pobre. Seguro que el “Seiko” de su marido, la da como para apuntarse a un régimen de pastillas con extractos de algas y oligoelementos. Ganará diez kilos, pero durante unas semanas será la mujer más feliz del barrio.

Otra mujer con pantalón de leopardo y blusa de mercadillo, antigua azafata de “Carrefour”, abandona el mostrador acomodando el bolso entre su brazo y la axila. Espero que la tragaperras le regale las tres manzanas hoy. Aunque suerte tendrá si en su ausencia no la ha quitado el puesto alguno de los parroquianos habituales del Bar.

El último hombre de la fila, curiosea en el mostrador que hay tras él. Se prueba un sombrero vaquero de talla pequeña. Y pienso: “...le quedaba mejor al niño de la fiesta de cumpleaños, no lo compres, o serás el “Walker Texas Ranger” de Fuenlabrada. Mejor, cómprate el de hombre araña, sal de noche y combate el crimen...”.

Es entonces cuando sin necesidad de analizar más la situación, adivino el por qué de esa sensación de sofoco e incomodidad que me venía persiguiendo en mis tres visitas: ¿Y ellos?, ¿ellos, que piensan de mí?. Y escucho: El siguiente.

"La Plaza de las Tetas"

“La plaza de las tetas”, de esta manera tan poco ortodoxa llamábamos mis hermanos y yo, al lugar donde se celebraba el mercado en el barrio.

Ya fuera verano, primavera, otoño o invierno, uno de los tres siempre acababa tirando de la manga de Mamá pronunciando el nombre en voz alta, mientras señalaba a las dos estatuas de mujer medio desnudas en el centro de la plaza: una cargaba con un estandarte, la otra prendía la mecha de un cañón.

El efecto en Mamá era inmediato y raro era el día que el principal instigador de la rebelión no recibía un cachete materno.

Hoy es mi primera visita al barrio desde hace años y no puedo evitar acordarme de la chiquillada. Los cambios, la melancolía y mi infinita curiosidad actúan como un ancla y me impiden avanzar.

La nueva plaza tiene dos alturas diferenciadas por tramos de escaleras. En la parte baja, cubierta por un soportal, varios individuos de aspecto sucio y miserable pululan en una y otra dirección. Se apartan de las luces de neón del cine como los vampiros del sol. Un mendigo de greñas blancas que pide limosna a la puerta del cine, insulta a la gente que rehúsa darle algo.

En la otra punta de la plaza, otro grupo se arremolina en torno a una hoguera. El fuego ilumina los rostros. Un hombre sin dientes en cuclillas habla solo. A su lado otro hombre fuerte con aspecto de inmigrante de Europa del Este cubre con su brazo los hombros de una mujer escuálida y pálida que se frota las manos frente al fuego.

Desde la penumbra un viejo cubierto con un abrigo gris desgastado hace su entrada en la plaza avanzando con la mirada fija en el suelo. El hombre camina hasta llegar al cine y pasa de largo. Apoyada en la pared, una mujer negra que se ofrece con descaro gritando piropos a los peatones que pasan a su lado, le guiña un ojo.

El semáforo se pone en rojo, y él cruza la plaza hasta la otra acera, deteniéndose ante su reflejo en el cristal del escaparate de una boutique. Se coloca delante de un elegante esmoquin y superpone su rostro encima, guiñando los ojos para ver mejor.

A pocos metros, un negro con los ojos enrojecidos empuja un colchón, pero dos hombres se lo impiden vociferando. El anciano ajeno a la trifulca echa a andar hasta llegar al el soportal de una iglesia. A su lado, yace otro mendigo que ronca, tapado con una manta. Está rodeado de cascos de botellas vacías y cartones de vino barato.

Transcurridos unos minutos el viejo se sienta encima de una manta, sin arroparse, intentando no despertar a nadie. Se atusa el pelo gris y alborotado de su cabeza y rebusca dentro de su único equipaje, una bolsa gris de tela, hasta encontrar un viejo reloj de manecillas. Satisfecho, le da cuerda y lo coloca en el suelo junto a él.

El hombre carraspea y tose un poco mientras se recuesta. La calle vuelve a estar en silencio y ahora no hay ninguna persona circulando por ella.

"Risas de antaño"

Desde hace tiempo me he aficionado a caminar, más bien porque no puedo estar quieto que por gusto o por pasear. Cada día recorro las callejuelas del barrio desde que sale el sol hasta que anochece. Cuando hace bueno me acerco hasta el muelle y me paso las horas alimentándome la envidia con los barcos que zarpan y desaparecen por detrás del Rompeolas. Mis sueños les acompañan en cada partida. Mis sueños y mis recuerdos de feriante de antaño.

Ya ve cómo paso el tiempo. Tantos años trabajando en las ferias, igual que mis padres, que mis abuelos y otros a los que no conocí, el oficio me venía de familia, pero creo que no hubiera podido hacer otra cosa. Poco veía yo el barrio entonces. Siempre con las maletas y la casa a cuestas de un lado a otro, tengo la sensación de haber girado muchas veces alrededor del mundo.

En aquellos tiempos los niños aún reían ¿Se ha fijado que ahora se hacen mayores antes de tiempo? Era lo mejor de la feria: aquellas risas que les salían tan de dentro y sus pequeñas miradas sorprendidas por la magia que les rodeaba. Entonces los niños creían en la magia ¿Sabe? A veces mi padre les hacía aparecer caramelos de las orejas y sus ojos se ponían redondos como canicas. ¡Y el olor! ¿Recuerda ese olor a algodón de azúcar y a manzanas acarameladas?

¿Qué puedo decirle? Se acabaron las ferias. Los tiempos cambian, usted ya conoce el final. La magia quedó encerrada en unos baúles que pronto se volvieron viejos, como nosotros. Ya nada es igual. Incluso el barrio parece más solitario sin los niños jugando en la calle. Ahora se pasan las tardes delante de esas pantallas que les vuelven tontos. Antes, cuando regresaba al barrio y los niños me veían, corrían tras de mí para que les enseñara algún nuevo truco o les explicara historias.

Ahora mis historias se las explico sólo a usted porque a los niños ya no les interesan. Me miran de lejos. “Loco”, me gritan. Qué sabrán ellos de locuras si en el fondo siguen siendo unos críos. Quizás es por eso no puedo estar quieto y entre estas callejuelas y los barcos del muelle sigo con mi vida, siempre de un lado a otro.

"La cuesta de Enero"

El reloj digital señala las 7:59 en brillantes letras verde fosforito. Un ruido metálico que imita burdamente el sonido de un antiguo reloj de latón llena por completo la estancia. Aúlla sin parar agitando el sueño del único durmiente sobre la cama.

Este se remueve en una gran cama Modelo 'Hagërfors'.... joder, estos muebles suecos son así, hacen que toda la gente parezca igual. Una lástima, pero una triste realidad del nuevo siglo.

El durmiente abre los ojos... bueno abro los ojos, lo justo es decir que él soy yo. Tumbado aún sobre la cama, me desperezo e intento despejarme mientras recuerdo un estúpido grito de guerra visto en una película, ya hace años: '...buenos días excursionistas, hoy es el día de la marmota..'.

De manera automática, me acuerdo de la madre que parió al inventor de los relojes-despertador, ya sean analógicos o digitales.

Mientras me incorporo me invade una extraña mezcla de desgana y cabreo. El suelo bajo la cama está frío y me hace cosquillas en la planta del pie, aunque no importa, yo no siento casi nada. La oscuridad no ayuda mucho.

Pulsoel interruptor de la luz. No hay luz.Puesto al habla con Iberdrola, un contestador automático me informa de lo siguiente: "..le avisamos de laexistencia de una deuda,que ha de abonar al objeto de que se le restablezca el suministro eléctrico...".

Para cuando, pienso yo, se me restablecerán el resto de suministros: besos, caricias, risas y abrazos.

Me dirijo en la penumbra hacia la cocina. Allí preparo mecanicamente un desayuno rápido a base de café con leche vertido en mi taza favorita y zumo de naranja de un tetrabrik Marca 'Acme'.Así son las cosas que venden en los chinos.

Enciendo el primer cigarrillo rubio del día y respiro hondo. A continuación entro en el cuarto de baño donde purgo y expío mis pecados en la taza del water. Me siento aliviado. La ducha posterior me hace sentirme, despierto, fresco y preparado para afrontar la cuesta de Enero. Como medida profiláctica y ante la falta de luz, descarto el afeitado.

Media hora más tarde ya estoy puesto en movimiento, camino por la calle con rapidez. Observando a la gente con la que me cruzo me invade la sensación de que todo el mundo camina muy deprisa, sin pausa alguna y sin fijarse en los demás. Diriase que estamos en un gran hormiguero. Todos tienen una labor que realizar, una urgencia interior que les impide reparar en el resto. Yo, no soy diferente a ellos, continúo andando con una única idea fija en la cabeza: "Esta ciudadya no es la que era.

Cinco minutos y 500 metros más tarde, ya estoyen las dependencias de una sucursal de 'La Caixa'. Unaseñorita al otro lado de una mampara de metacrilato, me comunica con gran pesar la existencia de una deuda, así como la devolución de un recibo de 'Iberdrola', motivo por el cuál no puedo efectual un reintegro de efectivo. Por supuesto el INEM todavía no ha efectuado su pago mensual. Sostengo con esfuerzo titánico la irrupción de una lágrima o conjunto de ellas, ante la empleada del Banco, motivo por el cuál mis mofletes empiezan a temblar.

Utilizando todas mis tarjetas de crédito y mis amplios conocimientos del mundo financiero, logro hacerme con un billete de 50 Euros en un cajero próximo.

Son las 12:20 de la mañana y no se porqué pero me acuerdo de tu hilera/cajita de dientes, montados unos sobre otros, como si de una escalera de caracol fuera. La idea me hace sonreir.


Cabizbajo, aunque animado por la sorprendente consecución de fondos monetarios me acerco al quiosco cercano y adquiero, previo pago de su importe, un semanario de anuncios de trabajo. Mientras tomo el segundo café con leche de la mañana paso página a página de la sección 'Empleo'. Aunque solo ofrecen trabajos a becarios por una miseria y la profesión de teleoperador está en auge, encuentro un momento para subrayar dos anuncios en los que buscan dependiente en tienda de modas con salario fijo y beneficios de empresa.

Sigo pasando páginas inmerso en la lectura y me detengo en la página de 'Clasificados'. Bajo el anuncio en el que dos gemelas ofrecen doble sorpresa, incluyendo griego, beso con lengua y frances a dúo, otro anuncio reclama mi atención: 'Hola, soy Paco el paralítico cachondo de la bocina, s te gusta el baloncesto y eres del Estudiantes, estoy todos los días de partido en la puerta del Magariños. Ah!! y no tienes que empujar mi silla si no quieres, es eléctrica, como yo..'. Me quedo totalmente pasmado.

Tras recuperarme del shock, emprendo el retorno al hogar. Ya es más de la una, aunque el tiempo se me ha pasado volando practicamente sin darme cuenta. Tomo abrigo en los brazos de 'Paul Auster', ante la falta de suministro eléctrico. Siempre me hace recordar a Nueva York y aquel estúpido sueño que tuve hace años antes de conocerte. Es hora de comer, estoy sin luz, no tengo hambre y mi teléfono movil, apunto de quedarse sin batería no ha sonado en toda la mañana. A esto de las cuatro me quedo dormido. Soñé contigo porque me he despertado sobresaltado. Tras llorar un poco, como de costumbre, desesperarme y sonarme los mocos con un 'Kleenex', decido marcharme a comprar un bocadillo al bar más cercano.

Al salir a la calle me percibo de que está lloviendo. Aunque tengo ganas de volver a llorar, la lluvia es suficientemente para mí por ahora. Me acuerdo de la famosa frase de las lágrimas en la lluvia y de Rutger Hauer arrodillado en la azotea de un edificio cutre, pero futurista.

Tras una rápida ingestión de un bocadillo de calamares encebollados y una caña en la atestada barra del bar, decido que voy a ir al cine. Salgo del bar, tropezo con un excremento de perro y me caigo. Desde el suelo vuelvo a pensar otra vez en las lágrimas en la lluvia. Me levanto y aunque estoy hecho un auténtico cromo, recorro los 100 metros que me separan de los Multicines del barrio.

Pago el importe del tiquet y entro en la sala. Al sentarme y dejar caer mi cuerpo en la butaca noto el calor de la sala. La película tiene una fotografía muy bonita. Me acuerdo de las costas de Galicia y me duermo.

De forma espontánea me despierto con los títulos de crédito. Mientras me sacudo las palomitas del jersey, vuelvo a acordarme de tí. Salgo del cine, llueve otra vez, doy una bocanada de aire fresco y echo a andar.
Mientras camino veo a un pobre, totalmente empapado y le hago entrega de mi último Euro. Me sonríe.. y yacomienzo a ir más liviano.





"Tribulaciones finales con Lalópez en India" (20 - 26/09/2007)

La llegada de Laura a este sitio no ha podido ser mas accidentada. Estuvimos los dos buscandonos mutuamente en el aeropuerto sin encontrarnos hasta pasado un buen rato. A mi no me dejaban entrar en el hall del aeropuertosi no pagaba, y a ella no la daba la gana de salir si yo no entraba.

Finalmente una vez nos encontranos, Laura pudo comprobar el maravilloso calor tropical de Delhi (la sudaba hasta el bigotillo) y las bondades del maravilloso hotel Ashoka. En este primer dia no hubo tiempo para nada mas, ya estaba todo cerrado. Tan solo pudimos ver a un grupo de perros que se peleaban por la migajas de un gato muerto y poco mas. La policia en Paharganj nos mando directitos para el hotel haciendo comicos aspavientos, antes de liarse a bastonazos con unos conciudadanos suyos.

El segundo dia estuvimos desayunando en el maravilloso Hotel Shelton y nos cundio bastante. Visita al mercado de Paharganj, Connnaught Place, maravilloso almuerzo en "United Coffe House", donde nos dio tiempo a atufarnos bastante bien con cervecitas y unos dobles de "100 Pipers" y los camareros encantados de la vida y de la cuenta que dejamos alli.

Ya casi de noche, Laura comenzo a tirar de VISA, adquiriendo bolsitos, bisuteria variada, etc, en el mercado Nepalí de Janpathy cenamos en una pseudo discoteca con restaurante muy curiosa. A decir verdad, de la llegada al hotel, ya bastante tarde, tan solo recuerdo la gana de dar de hostias al señor del riksaw cuando nos intento timar en el trayecto al hotel. Como se reia el cabron, y como le defendia Lalópez. ¡¡Maldito rufián!!

El tercer dia de estancia de Laurita en Delhi lo dedicamos a decidir si tirabamos para Benares para estar tan solo un dia, o dejabamos de hacer disparates. Hicimos el disparate y Laura compro ambos billetes de avion de ida y vuelta. Mi economia ya no esta para muchos trotes.

Uno de los momentos mas divertidos del viaje ha sido conseguir llegar al aeropuerto de vuelos domesticos de Delhi. Tras multiples engaños, malentendidos con taxistas o yoqueses llegamos con la incertidumbre de saber si el avion era el del Baron "Von Richtoffen" o era ya de finales del siglo XX. Tanto "Jet Airways" como "Spice Jet" nos dejaron muy satisfechos. Bastante mejor de lo que me esperaba: habia asientos, azafatas y todos los complementos.

Benares dejo encantada a Laurita. Nada la defraudo, ni el hotel donde la habitacion costaba 80 Rupias (Euro y medio al dia), ni la cama de marmol de Carrara que la prepararon, ni tan siquiera el que en el madrugon que nos dimos para ver amanecer se frustara, dado que llovia a mares. Tengo que decir que ha sido el unico puto dia de lluvia en Benares fuera de la epoca de Monzon de todo el puto año. ¡¡Tambien es mala suerte!!.

Luego todo esto se vio compensado cuando estuvimos de paseo por todos los Ghats mas interesantes y Laura fue invitada de excepcion en "Manikarnika Ghat" para ser bendecida por una santona y poder contemplar toda la ceremonia de quema de los muertos en la orilla del Ganges. Vio como quemaban a los ricos y a los pobres, todo un privilegio, si señor. Yo me mantuve a una distancia prudencial para evitar que me salpicaran los fluidos corporales de los muertos.

El retorno a Delhi estuvo cuajado de momentos memorables, lloviendo a mares, montados como dos autenticos "freakies"en un cicloriksaw, el tio pedaleando bajo la lluvia sin perder la sonrisa y yo con un ataque de ansiedad, buscando el Lexatin 750 mg. en el bolsillo de mi pantalon.

Cuando conseguimos llegar al Aeropuerto de Benares, que esta donde Cristo perdio el mechero, no habia ninguna zona de nuestros cuerpos que no chorreara agua. Los Policias estuvieron a punto de hacernos la ola cuando nos vieron entrar en el aeropuerto de esa guisa.

En la próxima y última entrega describiré como es posible pagar 120 Euros cenando en un Restaurante para millonarios en Delhi skin perder por eso la sonrisa, de cómo discutir de porque Gallardón es un magnífico Alcalde para la ciudad de Madrid y acerca de cuál es la mejor manera de mandar a tomar por culo a un taxista cuando te intenta engañar reiteradas veces.

¡¡En que hora regalé el Lexatin, que mala cabeza!!